Yo no sé de qué tipo es el mío, pero sé que he cambiado. Supongo que cualquiera que albergue este sentimiento defenderá que todo ha sido para mejo. Yo no voy a ser menos.
No sé en que momento empezó y mucho menos si hubo un preciso instante, un acontecimiento que desencadenara el dicho cambio. Me gusta pensar en mi (y en el resto de los humanos, claro) como en una constante evolución, una permuta interminable e imperfecta… como en la pasarelas de moda, pero en este caso que nos ocupa con algo más que unos pantalones de campana que dejaron huella.
Aunque ahora que lo pienso… Puede que fueran los 500 kilómetros que me impuse para ser mejor; puede que fuera aquel bache negro que me hiciera pensar que yo cabía en la frase de “a ti también te puede pasar”; tener que recordar la frase mágica de Lucía una y otra vez para darme cuenta de que era verdad; descubrir a mis 20 años que tengo dos hermanas en cada punta de España; puede que fuera mi vecinito lindo de arriba y nuestro mes dedicado al teatro y el año de cultura general; o igual se debió a todos los planes trastocados, los coches hechos pedazos… Puede que fuera la crisis (no sólo la económica); la pintoresca enfermedad que me diagnosticaron, el año sabático de hoteles y hospitales; el dejar de preguntarme que quiero hacer para, simplemente, querer lo que hago; el plantearme que las cosas inacabadas te persiguen hasta que finalmente les das fin… Igual se debió a los fantasmas, a todo lo que dejé por el camino, todo lo que no hice, de lo que tendré que arrepentirme, las historias que no acabaron bien o incluso las que no llegaron a empezar. Mis miedos y mis ganas de huir, las camas vacías y los corazones rotos como en las novelas de amor. La manera en la que descubrí que soy una pozo sin fondo, las labores de las chicas del siglo XVIII . Puede que fuera todos aquellos a los que quise, todos aquellos a los que perdí… Todo.
Qué quieren que les cuente, han sido unos años muy moviditos en los que parecía que ya no se podría ir a peor… pero si, las leyes nunca fallan. Pero entonces me detuve a verme, feliz y radiante ahora que no tenía ningún motivo. Que ironía…
No hace tanto tiempo, pero parece tan lejano… Abandoné el drama, sigo soñando y no he dejado de imaginar la casa, la boda y el perro cada vez que alguien me dedica un gesto del revés… Supongo que hay cosas que no han de cambiar… o si, pero yo no sé hacerlo.
Y aunque era muy dada a rebobinar, he visto que va mucho más con mi carácter totalmente practico seguir escuchando el resto del casete, total, sí ya nos encontramos en la canción ocho cara B quién dice que no lo volvamos hacer.
Suena Nina Simone y yo dejo de limpiar los balcones de mi saloncito de la luz pensando que si hay algo que no me gusta en exceso: no hay mal que dure cien años.
Sean felices, yo acabaré lo que he empezado…
P.D.: Después de todo esto quiero dejar bien claro que sigo siendo la que fui y que, sin duda, seré la que era hasta que deje de ser. También, que después de todo no cambiaría nada, porque incluso a mi brazo de titanio le he acabado cogiendo cariño…
P.D.2.: Mi padre dice que es muy yo hacer una fiesta cada 19 de octubre titulada “Al filo de la muerte”. Perdónenme ustedes.

¿Entiende ya mi necesidad de que todos me feliciten hoy?






